Un padre de 37 años, a punto de divorciarse y de perderlo todo, vuelve de golpe al cuerpo que tenía a los 18 — y con ese envoltorio de fantasía la serie cuenta algo muy concreto: lo que se ve de una familia desde afuera nunca es lo que pasa adentro. Empecé por curiosidad y terminé llorando en episodios que parecían de comedia. Lee Do-hyun me pareció enorme: interpreta a un hombre maduro dentro de un cuerpo joven y se le nota en cada gesto, en cómo mira a sus hijos sin poder decirles quién es. Y Kim Ha-neul construye una Da-jung que no es la esposa sufrida de siempre, sino una mujer rehaciendo su vida con una dignidad que da gusto ver. Es de esas series que te hacen querer llamar a tu familia al terminar un episodio. Cálida, divertida y más honda de lo que aparenta.