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Han So-hee entra en el plano y ya no puedes mirar otra cosa

Ocho episodios sin relleno sobre una chica que ve morir a su padre delante de ella y decide entrar en la organización que lo rodeaba para encontrar al culpable. La serie va directa al grano desde el primer minuto, y eso se agradece muchísimo en un catálogo lleno de historias que tardan cuatro capítulos en arrancar. Han So-hee está irreconocible y lo digo como el mayor elogio posible. Nada de glamour: la cara marcada, la respiración pesada y unas peleas largas y sucias que se sienten de verdad. Park Hee-soon, como el jefe de la organización, da un miedo tranquilo de esos que no necesitan levantar la voz nunca. La trama, eso sí, transita caminos que cualquiera que haya visto cine negro reconocerá enseguida, y adiviné un par de giros antes de tiempo. Aun así la terminé en una sola noche y la volvería a ver, porque la fuerza de esta serie no está en la sorpresa sino en el cuerpo de su protagonista.