Jeong Yak-yong, quien manejaba los asuntos con rectitud como Amhaeng Eosa (inspector real) y gozaba de la confianza del Rey Jeongjo. Se ve envuelto en el caso del sacerdote Ju Mun-mo, quien propagaba el pensamiento occidental, recibe críticas de envidiosos y finalmente es degradado al puesto subalterno de Kimjeong Chapang. Contrario a sus expectativas de una vida tranquila, surgen casos por doquier y se embarca en una investigación junto a personajes llenos de personalidad como Seollan, Gaksu, Cheoldu, Jangyi, Muyeong y Hongchun. Jeong Yak-yong vuelve a grabar en su corazón la intención del Rey Jeongjo: "No permitas que el pueblo sufra injusticias".