Este cortometraje heroico del director Choi, centrado en trabajadores migrantes de Vietnam y Sri Lanka, profundiza en la "economía sumergida" de Corea, donde prevalecen la explotación y la injusticia, y los insultos racistas estallan fácilmente con unas copas de soju. La trama se traslada de Incheon a Daegu, donde el Padre Jang, un activista social, hace todo lo posible para ayudar a los migrantes a reclamar sus indemnizaciones, pensiones y derechos laborales. Es una obra maravillosa y reveladora, con actuaciones muy sólidas de actores no profesionales, incluido el propio director Choi.