Al día siguiente del funeral de su padre. Hana intenta ordenar las pertenencias que quedaron sin demora. Al ir a la casa donde vivía su padre para ordenarla, Hana se encuentra con una presencia inesperada: "Ttaengi", el perro que su padre cuidaba. Hana se encarga de Ttaengi por casualidad. Dado que aún no ha asimilado la repentina muerte de su padre, con quien había perdido el contacto durante mucho tiempo, la visión de Ttaengi solo aumenta su tormento. Finalmente, Hana abandona a Ttaengi. La vida cotidiana de Hana, que apenas ha vuelto a la normalidad, se ve marcada por su intento de olvidar a su familia del pasado y encontrar estabilidad en su familia actual. Sin embargo, la culpa que surge la atormenta, y finalmente Hana se embarca de nuevo en la búsqueda de Ttaengi.