Tras el suicidio de su esposa sin dejar testamento, Jeong-hoon comienza a reflexionar sobre su vida. Se embarca en la búsqueda del significado de la felicidad que su esposa anhelaba en vida, y visita el mar, impregnado de sus recuerdos. Allí conoce a Geon-hee, la dueña de un restaurante de mariscos, y a su hija Yoo-jeong. Una conexión breve pero intensa se forja con Geon-hee, quien vive con dificultad junto a su hija tras su divorcio. En el autobús de regreso, sintiendo la felicidad sencilla que Geon-hee le brindó, Jeong-hoon sonríe por primera vez.