La llama de la vela me fascinaba. Imaginaba que si el fin del mundo finalmente llegara, así sería. La gente en la plaza reía, lloraba y gritaba. Gracias al pequeño calor en mi mano, podía imaginar el nuevo mundo que vendría después del fin. Fascinado por la llama parpadeante, no pensé en las personas que no tenían los medios para encender una vela, en aquellos que no tenían una plaza.