Lee Gil-do, tras abandonar su patria, se estableció en Dong Sam Seong y vivía felizmente con su esposa, su hijo de cinco años Song Ryong y su hija de dos años. Sin embargo, como coreano, se convierte en el objetivo de los envidiosos chinos de la región de Dong Sam Seong. Finalmente, un hombre llamado Wang Hwi se acerca a Lee Gil-do con medios astutos, destrozando a su familia. En medio de esto, Lee Gil-do queda lisiado y huye a Corea. Su hija menor crece a salvo gracias al sacrificio de Bok Rye, una joven que trabajaba como sirvienta. Pasan los años y Song Ryong, de veinte años y exiliado en Corea, es un joven de gran piedad filial hacia sus padres. Por ello, para vengar a sus padres, cruza la frontera de Manchuria, logra vengar a sus padres y se reencuentra con su hermana, cuyo rostro ni siquiera podía recordar.