En los años 70, en el Mercado Pyeonghwa, había chicas que, por ser pobres o por ser mujeres, trabajaban en máquinas de coser en lugar de estudiar, y eran llamadas 'sida' (asistentes de costura) o 'gongsun-i' (chicas de fábrica). Con grandes sueños en sus corazones, asistían a clases de trabajo. Allí, las chicas se llamaban por sus nombres, cantaban y cultivaban la esperanza. Una carta de la juventud de una época pasada a la juventud de hoy.