Para Anna, una coreana de segunda generación que vive en Suiza, el tenedor le resulta más familiar que los palillos y la salchicha más que el kimchi. Los prejuicios ideológicos de la generación anterior solo le quedan como una leve huella. A través de la brecha generacional, la curiosidad de Anna avanza hacia la búsqueda de puntos en común con los norcoreanos.