Jae-mo vive solo en un barco abandonado en un pueblo costero, huyendo del mundo. Su tranquila rutina se ve interrumpida por la llegada de Soo-bin, una desconocida. Su amor, que comenzó como algo físico, se vuelve más profundo al reconocer el mismo dolor en los ojos del otro. Un día, Soo-bin encuentra partituras en casa de Jae-mo y descubre que su sueño era ser compositor. Decidida a cumplir su sueño, decide volver a Seúl, un lugar que odiaba, pero la idea de estar con Jae-mo la llena de alegría. Se aloja en casa de su amiga Young-hee y comienza a enviar demos de la música de Jae-mo a discográficas. Sin embargo, los rechazos y las críticas la vuelven inestable. Soo-bin reacciona con violencia contra quienes no reconocen el talento de Jae-mo. Su locura no cesa y Jae-mo observa la situación con angustia. Tae-seok, un amigo de la infancia, les sugiere descansar en la granja de Jeju que tanto le gustaba a Soo-bin. Ellos aceptan. Feliz junto a ella, Jae-mo deja de componer. Obsesionada con el miedo al abandono, Soo-bin desea un hijo para asegurar su amor. Pero el embarazo no llega y su fijación aumenta. Jae-mo siente el peligro, pero se siente impotente. Finalmente, Soo-bin queda embarazada, pero resulta ser un embarazo psicológico. El impacto la lleva a autolesionarse. Su estado empeora. Un día, mientras Jae-mo está fuera, ella se autolesiona gravemente el pecho y es llevada al hospital. Jae-mo, al enterarse, corre al hospital y encuentra a Soo-bin atada a la cama.