Una película que reflexiona sobre las fronteras mientras las atraviesa. Desde las puertas que separan el centro de París de sus suburbios, el lago Lemán que divide Francia y Suiza, hasta la línea de demarcación que separa el Norte y el Sur, la película plantea interrogantes sobre la naturaleza de los límites. El director, residente en París, observa a su padre, quien se refugió y estableció en Busan, para reflexionar sobre Corea del Norte, la patria de su padre situada más allá de esa inmensa frontera. Luego, visita un pueblo en la zona de control civil del condado de Cheorwon, en la provincia de Gangwon, para capturar con su cámara las historias, la historia y la vida de quienes han vivido allí. <La casa que sueña en la frontera> es el relato de personas que viven en la frontera o que la atraviesan. Dividida en capítulos como 'La casa no deseada', 'La vida bajo control' y 'El regreso del hombre herido', la película es una forma de historia oral que se basa enteramente en los testimonios de los residentes, desde los primeros pobladores hasta la segunda generación nacida allí, sin artificios ni técnicas especiales. Como un rito de paso, cada capítulo comienza con la imagen de un habitante de pie e inmóvil frente a su casa, acumulando así las historias personales. Solo los puestos de control, las alambradas y los carteles que aparecen ocasionalmente recuerdan que este espacio carga con las cicatrices de la división. La película se centra en entrar en las casas, sentarse frente a frente y escuchar la vida cotidiana de quienes han resistido 60 años de historia de división. A medida que las historias y la memoria de los residentes se acumulan, los recuerdos privados se convierten en colectivos, transformándose finalmente en una memoria inmensa que atraviesa la sociedad y la historia coreanas. Los relatos de estos extranjeros y seres fronterizos, privados de sus derechos básicos y obligados a sobrevivir en este espacio, fluyen como un sueño.