Jang Ui-ryong se une al equipo de Incheon como entrenador principal. Duerme solo 3 horas al día, analizando meticulosamente a los equipos rivales y creando su propia pantalla de análisis de video para cada partido. A medida que los objetivos que establece comienzan a dar frutos, los jugadores desarrollan una confianza absoluta en su entrenador. Los medios de comunicación, que inicialmente clasificaron a Incheon en el último lugar, comienzan a destacarlos con apodos como "torbellino", "fútbol de agua salada" y "el temible club del dragón exterior". Sin embargo, las condiciones de vida de los jugadores siguen siendo precarias. El club cívico, con escasos recursos financieros, no dispone de un campo de entrenamiento propio, lo que obliga a un desplazamiento de 3 horas para una sesión de entrenamiento de 1 hora y media. Las lesiones y la salud de los jugadores se deterioran debido a los partidos consecutivos sin suficiente descanso. Un día, el capitán Lim Jung-yong, que entrenaba con los ojos hinchados, tuvo que ser trasladado de urgencia al hospital. El Incheon United FC, que se ha convertido en un equipo de gran cohesión, se clasifica para los playoffs, sorprendiendo al mundo del fútbol coreano. Finalmente, contra todo pronóstico, los jugadores llegan a la final. Con un espíritu de lucha ardiente y una confianza inquebrantable, desean jugar más que nunca, pero a medida que los partidos continúan, las lesiones se multiplican, alcanzando los límites físicos de cada uno.