Para Hee-chul, un repartidor, su futuro es incierto. Su padre, que viene a verlo, es un alcohólico violento, y es su abuela quien le cocina. Un día, Yeon-ju, una estudiante universitaria en una situación similar a la de Hee-chul, le pide que interprete el papel principal en uno de sus cortometrajes. Hee-chul sueña y espera la posibilidad de encontrar una nueva relación a través del cine. Pero la realidad desmiente sus sueños. Su abuela, cansada de la cruda realidad de la vida, deja una nota diciendo que ya no puede vivir con él y se muda de su casa para comenzar una vida completamente nueva. Y poco después, su padre se involucra en malos tratos financieros y se convierte en un hombre buscado. Hee-chul se da cuenta de que no puede depender de su familia ni de su amante y recurre a la tenue esperanza que tiene en la realización de películas.