Un día cualquiera, no diferente a otros. En el coche que la lleva al aeropuerto para un viaje de negocios, ella dice de repente, como si ofreciera una lata de refresco, que ha encontrado a otro hombre y que se irá de casa. Él responde: “Está bien…”, sin preguntar nunca el motivo. El día que su nuevo hombre viene a buscarla, él le empaqueta sus cosas, le envuelve con cuidado su apreciada taza de té y le prepara un delicioso café. Ella pensó que hoy sería el final, pero mientras empacaba, surgieron objetos que reavivaron los recuerdos y las vivencias que habían compartido, y cada vez, los dos, que habían estado separados, encontraban su espacio. A medida que el tiempo familiar transcurría, ella se enfadaba cada vez más por la profunda consideración de él, y se sentía desconcertada por sus propios sentimientos. Él, cuyos pensamientos son inescrutables, reserva un restaurante para su última comida y decide salir juntos. Un gatito perdido, huyendo de la lluvia que caía todo el día, encuentra el camino a casa. Con la excusa del gatito escondido, con la excusa del puente cortado por la lluvia, los dos permanecen juntos un día más. ¿Podrán realmente separarse?