Taeil, contratado como aprendiz de sastre en el mercado Pyeonghwa, sueña con convertirse en un sastre oficial para mantener a su familia y pagar los estudios de sus hermanos. Sin embargo, una vez convertido en sastre, Taeil se fija en los rostros de las jóvenes obreras que trabajan hasta morir sin recibir ni siquiera el precio de un café, y que escupen sangre. Al darse cuenta de que un corazón cálido hacia sus compañeros no puede cambiar nada, y ante una realidad en la que la ley laboral existe pero no se cumple, el joven Taeil, de 22 años, decide convertirse él mismo en una llama de esperanza.