Un joven sacerdote escucha la confesión de un hombre que, años atrás, ebrio al volante de su coche, atropelló y mató a un hombre en la acera. No se entregó a la policía, sino que huyó del lugar del accidente. Durante años, su conciencia lo torturó, recordándole, sobre todo, el llanto desesperado del hijo de aquel hombre. Lo que no sabía es que ese niño había crecido y se había convertido en sacerdote, el sacerdote que estaba escuchando su confesión. El final es impredecible.