Tras su tercer intento de suicidio, Yu-jeong es llevada a una prisión por su tía Monica. Aunque reacia, acepta la visita prefiriéndola a un hospital psiquiátrico. Allí conoce a Yun-su, un condenado a muerte de rostro pálido y actitud hostil. Al principio, ambos se rechazan con palabras crueles, pero pronto descubren que comparten heridas similares. Una mujer adinerada pero vacía y un hombre pobre con un pasado trágico. En la sala de visitas, comienzan a derribar sus barreras y a compartir sus verdaderas historias. Las lágrimas sinceras de Yun-su sanan las heridas de Yu-jeong, mientras que el destino del hombre conmueve el corazón de ella. Al consolarse mutuamente, su desesperación se transforma en una felicidad milagrosa. Aquellos que una vez desearon morir, descubren por fin la alegría de vivir y el valor incalculable del amor.