Sook era la dueña de un café, esperando a su esposo encarcelado mientras cuidaba a sus suegros. Tenía veintiún años, y nadie comprendía la soledad de una mujer como ella. Un día, Sook comenzó a enamorarse de un estudiante universitario, un cliente habitual del café. Él llegaba tarde y cada vez miraba intensamente a la dueña del mostrador. Sin embargo, Sook cayó en la desesperación un día. El estudiante no la miraba a ella, sino a la estatua de la Mona Lisa detrás del mostrador. El amor por él solo había sido un sueño y una ilusión para Sook.