En 1992, la abuela Kim Bok-dong se registra como víctima de "mujeres de confort" del ejército japonés. Ella deseaba una disculpa por su vida destrozada. Japón evadió su responsabilidad, alegando que fue un crimen cometido por intermediarios privados. En 2011, se erige una estatua de una niña frente a la embajada de Japón para conmemorar 1.000 manifestaciones de los miércoles. La lucha de las abuelas toma un nuevo rumbo. Se dirigen a Seúl con la determinación de dedicar el resto de sus vidas. Se embarcan en la última batalla para obtener una disculpa del gobierno japonés, sin promesa de regreso.