El joven Deuk-gu cultivaba sus sueños contemplando el sol ardiente y el mar azul profundo que se extendía hasta el infinito. Un día, decidido a perseguir sus aspiraciones, se subió sin dudarlo a un autobús que pasaba. Al llegar a Seúl, Deuk-gu se unió al gimnasio Dong-a con la firme determinación de convertirse en un campeón. Allí, se hizo amigo íntimo de Jong-pal, de carácter alegre y enérgico, y de Sang-bong, taciturno pero confiable, como si fueran hermanos. Sin embargo, por encima de todo, el compañero más valioso de Deuk-gu era el propio boxeo. Fascinado por el encanto de este deporte que siempre respondía fielmente a sus esfuerzos, Deuk-gu participó apasionadamente en combates de todo tipo, grandes y pequeños, transformándose así en un verdadero boxeador...