Llevaba una vida bastante tranquila, hasta que me subí a ese autobús. En junio de 2011, mi vida cotidiana se vio trastocada desde que subí al autobús. Al principio, solo era un pasajero más. Como los demás, me sentía apenado, quería verlos y quería aportar un poco de ayuda. Empecé a capturar con mi cámara a los protagonistas de esas asombrosas escenas: la gente que crea esperanza, la gente que construyó y se subió al autobús, y Kim Jin-suk, que mantiene una protesta en lo alto desde hace meses sin saber cuándo terminará, así como los trabajadores que protegen la grúa. Ella, en un lugar lejano, alto y precario, se comunicaba con gente de todo el mundo a través de Twitter y se convirtió en amiga. Y, sin darme cuenta, acabé queriéndola... ¿Podremos verla sana y salva?