Kim Young-hoo, en excedencia académica, trabaja como vigilante en una obra. Un día, al visitar a un amigo que es médico residente en ginecología, conoce a una carterista. La mujer se burla y engaña al ingenuo y bondadoso Young-hoo. Ella era una prostituta y muere tras dar a luz a un hijo cuyo padre desconoce. Young-hoo esparce el alma de la mujer, convertida en un puñado de cenizas, en el río que fluye, derramando lágrimas. Una mañana clara, Young-hoo llega al aula con el niño a la espalda.