Ye-ji, quien nació con una discapacidad auditiva y visual, nunca ha visto ni oído nada. A pesar de haber estado a su lado toda la vida, su madre no logra comprender del todo los arrebatos de Ye-ji cuando se golpea la cabeza, golpea o zapatea con furia. Sin embargo, aunque no pueda oír, hablar ni ver, ambas sienten esos momentos brillantes en los que logran conectar.