Una tarde pacífica, en la que se esconde nuestra distorsionada cotidianidad. Una niña me mira fijamente. Me dice que dibujo bien. Es algo que no había escuchado en mucho tiempo. La niña me seduce prometiéndome algo bueno. Pero allí, a donde ella me lleva… hay un hombre feroz al que nunca había visto. En sus ojos, inyectados en sangre por la ira, vi mi propio reflejo. Me cuestiona por qué vivo de manera tan patética. El hombre feroz susurra: "¡Aún no es demasiado tarde!". La mujer que rompió mi dibujo. Mi novia, espléndida como una flor pero descarada a pesar de su infidelidad, el fotógrafo que me utilizó mientras insultaba mi arte, ese tipo repugnante como una serpiente, aquel que me arrebató a mi pareja y la dejó como un viejo cómic. Mi antiguo compañero de armas que amasa carne con sus manos ensangrentadas, parece haber olvidado que me trató como a ese trozo de carne… ¿Cómo puede ser esto posible? Estoy tan enfadado, ¿acaso nadie sabe por qué estoy así? La vida cotidiana, tranquila y dócil, que me espera como un cuadro. Sin embargo, ahora creo que puedo ver esos impulsos que irrumpen constantemente en esa paz… De repente, se escucha un grito salvaje. El vecino amable… parece que él también criaba una serpiente feroz en su corazón.