Jang Jin, un condenado a muerte con poco tiempo de vida, intenta suicidarse apuñalándose el cuello con un punzón afilado. A pesar de sus esfuerzos por adelantar su muerte, solo pierde la voz y es devuelto a la prisión. Allí le espera un joven recluso que lo ama. Sin embargo, Jang Jin ya no tiene ninguna atadura en esta vida. La vida de Yeon, que parece no tener carencias, empieza a desmoronarse al descubrir la infidelidad de su marido. Al ver casualmente las noticias de Jang Jin, el condenado a muerte, en la televisión, Yeon siente una extraña compasión y se dirige a la prisión para conocerlo. Le confiesa a Jang Jin el momento de muerte que experimentó en su infancia, abriendo así la puerta de su corazón cerrado... Yeon busca qué puede hacer por Jang Jin y decide regalarle las cuatro estaciones. Yeon devuelve la calidez de la vida a Jang Jin, que no poseía nada más que la muerte. A través de sus continuos encuentros, ambos desarrollan sentimientos que van más allá del simple deseo, pero el marido de Yeon se da cuenta de su relación y comienza a obstaculizar su amor.