Septiembre de 1950. Rikidōzan abandona el sumo ante la realidad de que solo los japoneses de pura cepa pueden alcanzar la cima. Pasando sus días entre el alcohol y las peleas, Rikidōzan conoce la lucha libre como por destino y cruza el Pacífico sin remordimientos. Dos años después, regresa como luchador profesional. Aunque los promotores y el público se muestran escépticos ante este deporte desconocido, la situación da un vuelco el día de su histórico primer combate. Derrotando a un luchador estadounidense con un golpe de karate, Rikidōzan se convierte en el héroe nacional del pueblo japonés, sumido en la desolación tras la derrota. Sin embargo, en el momento en que cree tenerlo todo, la vida de Rikidōzan comienza a desmoronarse poco a poco...