Durante su infancia, obligado a mudarse con frecuencia debido a la profesión militar de su padre, el narrador (director) reflexiona sobre su pasado y examina las cicatrices que dejaron las mudanzas. La experiencia de la diáspora, al no poder echar raíces profundas en un lugar, hizo que el narrador sobreviviera como un completo extraño. Las frecuentes mudanzas se convirtieron en una condición que le impedía mantener relaciones con los demás, y el entorno en el que no sentía pertenencia fue el catalizador decisivo que le llevó a percibirse a sí mismo como una existencia ajena. Se puede constatar que los problemas derivados de la incapacidad de asentarse no se limitan a cuestiones políticas y sociales, sino que también pueden afectar la dimensión psicológica de un individuo. El narrador confiesa con calma cómo superó conflictos pasados con los demás, pero podemos entender que esta confesión no está en absoluto completa. Quizás la determinación que el director declara en la obra sea una resolución para el presente, orientada hacia el futuro. Por eso, después de ver la obra, uno siente aún más ganas de apoyar esos corazones imperfectos.