Youngja, obligada a ser el sostén de su humilde familia, se desespera ante una sociedad que no puede aceptarla y cae en la prostitución. Un día, conoce a Katsuo, un japonés, y siente compasión por él, pero debe despedirse debido a la realidad que le impide marcharse. Un día, cediendo a las insistencias de su familia, Youngja acude a una cita concertada y descubre que el hombre no es otro que Jangho, con quien pasó una noche, lo que la sume de nuevo en una profunda tristeza. Jangho es también un hombre que siente una amarga traición por parte de la sociedad. Se siente más atraído por Youngja, sintiendo su sinceridad. Youngja, furiosa porque su familia conocía su profesión pero fingía no saberlo, comienza a autoflagelarse. En ese momento, la mano que la salva es el amor sincero de Jangho.