En la cocina de una granja, en una noche de verano con el canto estridente de las ranas, una anciana madre se lava el cabello. La anciana madre, que se limpia la cara con esmero como si sacudiera el polvo de los años acumulados, tiene un hijo que ocupa un lugar central en su corazón... Pero ahora, el hijo, alguna vez tan imponente, yace ante su madre como un cadáver. El hijo se acerca a su madre como siempre, en bicicleta. El sonido indiferente de la campana del reloj. El tiempo del hijo también se aleja, en bicicleta. El hijo que se ha ido. El corazón de la madre detenido. La madre agarra el péndulo, atrapando el tiempo.