Existen vidas que viven, vívidas y silenciosas, en lugares remotos. Es el caso de dos caballos en un rincón del pueblo, que viven en medio de rumores inquietantes sobre su encierro. También lo es el de una persona mayor que vive sola en una casa aislada en lo alto de una escalera similar a un acantilado, mirando solo la televisión. El director siente una conexión inexplicable con ellos y los visita. La película revela que la mirada repetida hacia la existencia, con el paso del tiempo, hace visibles las cosas y su valor, mostrando una actitud de 'contemplación' en lugar de simple 'visión'.