Se montó una obra de teatro, pero la guerra continúa. Estudiantes palestinos en Corea luchan con la coexistencia de la paz en Corea, a donde vinieron a perseguir sus sueños, y la tragedia que se desarrolla en su tierra natal. Para aquellos que agitaban las manos al vacío, las reuniones y las marchas se convirtieron en un vínculo. Además de filmar la recreación de la obra, el director decide tomar otra cámara para filmar precisamente estas calles. Al entrevistarlos y volver a capturar la cámara que los entrevista en una sola pantalla, el director intenta acortar la distancia entre ellos y leer la esperanza en las personas que llenan la calle.