La guerra por conseguir llamadas de conductores sustitutos, donde los conductores no pueden apartar la vista de sus teléfonos, y los insultos humillantes de clientes difíciles. La dura realidad de la vida de las conductoras sustitutas, que deben soportarlo todo en silencio y conducir hasta su destino, se presenta sin rodeos. Necesitan un cálido aliento, ellas que deben esforzarse hasta el amanecer solo para conseguir más llamadas. Al unirse a la 'Asociación Mutua Kabuki', una organización de ayuda mutua para conductores sustitutos, conocieron a colegas como hermanas. Antes de eso, eran solo individuos solitarios que trabajaban por separado. Comparten sus alegrías y tristezas, crean una aplicación para encontrar baños en mitad de la noche y desarrollan una comunidad que se ayuda mutuamente para apoyar a los conductores sustitutos más necesitados. La realidad no es fácil. Sin embargo, la tenaz fuerza vital de las conductoras sustitutas, que viven diligentemente cada día animándose mutuamente, tampoco es ordinaria.