Yoon Seok-nam nació en 1939 y vivió diligentemente como la nuera mayor de una familia numerosa, pero a los cuarenta años sintió ganas de morir. Porque en la vida que se permitía a las mujeres en esa época —el papel de esposa y madre de alguien— no podía encontrar la razón de su existencia. Finalmente, gastó todo el dinero que recibió para sus gastos de vida en comprar material de pintura y decidió en silencio por su cuenta: dedicar su vida a la pintura. A través de la vida de esta artista, una pionera feminista, nos damos cuenta de qué virtud es más importante para un artista que el talento.