En una sala de conciertos subterránea de Hongdae. Hay siete raperos anónimos que llegaron a Seúl con el vago sueño de hacer hip-hop. Sin embargo, contrariamente a lo que pensaban, los días que tienen un micrófono en la mano son menos que los días que cargan ladrillos o trabajan como camareros. Ante esta realidad, los sueños y objetivos de los siete raperos anónimos son precarios. El alquiler que llega sin falta y diversas facturas los presionan aún más.