Los bomberos, en los escenarios de intervención donde la vida y la muerte se encuentran en el límite, sienten cada vez los límites humanos. Capturan las imágenes de sus compañeros en fotografías, cantan para los niños que perdieron la vida en incendios, sienten la vitalidad de sus corazones al correr y recuerdan a alguien leyendo poesía. Sus respectivas maneras de aferrarse a las huellas de la vida que podrían desvanecerse en cualquier momento son una forma de recordar las llamas dispersas por todo el mundo.