En una morgue de atmósfera grotesca, atrapada por un aura hermosa pero ambigua, cuyo espacio-tiempo es desconocido. Mientras resuena el aria clara de un niño pequeño que despide a su querido abuelo al cielo, se ve a un jorobado lavando y arreglando bellamente los cuerpos entre las camas de hierro donde yacen varios cadáveres. Como de costumbre, cuando los paramédicos mueven los cuerpos a la cama de hierro y se van en silencio, el jorobado, sin inmutarse, limpia la sangre de los cuerpos y la drena en un cubo.