Octubre de 1988, tras la conclusión de los Juegos Olímpicos, un evento mundial, el país aún no salía de la euforia de haber quedado en cuarto lugar. Ocurrió un incidente que conmocionó al mundo: Ji Kang-hyuk, condenado a 7 años de prisión y 10 años de libertad vigilada, junto con otros reclusos, volcó un vehículo de transporte de prisioneros y escapó. ¡Vivir juntos, morir juntos! Tras apoderarse de una pistola y munición, Kang-hyuk y su banda lograron una fuga armada. Luego, sembraron el pánico en Seúl cometiendo robos y tomando rehenes en domicilios particulares. Sin embargo, las personas tomadas como rehenes, a diferencia de los criminales violentos descritos por los medios de comunicación, desarrollaron sentimientos de compasión hacia Kang-hyuk y su banda, quienes se mostraron humanos y educados. Al noveno día de su fuga, escondidos en una casa en Bukgajwa-dong, Kang-hyuk y su banda fueron descubiertos por el persistente oficial de policía Ahn Seok, desatándose un enfrentamiento final con la policía. Mientras sonaba "Holiday" de Bee Gees, el último deseo de Ji Kang-hyuk se hizo oír. Gritó a la policía y a los medios que los rodeaban. El grito de Kang-hyuk resonó en todo el país a través de los medios de comunicación, y Kang-hyuk, junto con su banda, tomó su decisión final...