Tras el repentino fallecimiento de mi padre, mientras ordeno sus pertenencias, descubro viejas fotografías y me dispongo a visitar las casas que aparecen en ellas. A través de este viaje, recupero poco a poco los pequeños secretos familiares y los recuerdos de mi infancia que había olvidado. Estos recuerdos se expanden entonces a la memoria de mis vecinos y de los espacios de Gwangju.