En la década de 1910, la economía coreana colapsó bajo la invasión forzada del imperio japonés, y las jóvenes coreanas dejaron su país para trabajar en Japón y mantener a sus familias. Algunas de ellas, por voluntad propia o forzadas, llegaron a Osaka, Japón, incluidas niñas de 11 años. Trabajando en las fábricas textiles de Osaka, que dominaban la industria del algodón mundial, las obreras coreanas se enfrentaron a condiciones y tratos inferiores a los de las obreras japonesas, así como a discriminación, violencia y explotación sexual. Al no tener nada que comer, sobrevivieron recogiendo las vísceras de carne que los japoneses tiraban como basura, y los japoneses las llamaban las "cerdas coreanas". Sin embargo, tragaron el dolor y la tristeza mientras cantaban el "Canto de las Obreras", abrieron sus propias escuelas nocturnas para aprender coreano y preservar su identidad. Fueron mujeres fuertes que lideraron de forma independiente huelgas que incluso las obreras japonesas dudaban en emprender por miedo. Este documental, a través de los testimonios de 22 obreras coreanas y sus historias, reflexiona sobre los extranjeros e inmigrantes de nuestra época actual. Las letras del "Canto de las Obreras Coreanas" que cantaron se conservan, pero su melodía aún no ha sido descubierta.