En el camino de los caballos que borraron las palabras, recordamos el tiempo de los caballos. Un caballo que nadie podía montar, un herbívoro que debía estar en el centro del poder y la violencia, la ironía de que la existencia a veces se convierte en resistencia, a veces en el sistema en la frontera entre el movimiento y el trabajo. El largo tiempo que pasaron las personas debajo del caballo, no sobre el caballo. Sentimos a través de los oídos y la boca del caballo. Una visión borrosa pero amplia, monólogos lejanos y cercanos que pasan.