Pilgyu Shin tiene un sueño: como activista gay, quiere hacer cumplir la ley antidiscriminación en Corea del Sur. En Seúl, se encuentra con una sociedad paralela en la que muchos queer se esconden y fingen ser heterosexuales. La razón: las iglesias cristianas reúnen a miles de miembros para amenazar a la comunidad LGBTQ+. Con su dinero e influencia, pueden dirigir la política. “Burning Blue“ retrata a doce personas que se enfrentan a estas autoridades. Es una batalla contra el tiempo, ya que pierden cada vez más miembros de su comunidad por suicidio. Sin embargo, las barreras divisorias crecen cada vez más dentro de su propio círculo. En un país que estigmatiza a las minorías y su salud mental, la lucha por la visibilidad lleva la resistencia queer a sus límites. La película arroja luz sobre el abuso de poder en la iglesia y la creciente transfobia en la comunidad LGBTQ+ en Corea del Sur. Y plantea la pregunta: ¿Puede existir realmente un espacio seguro?