Mugyeom lleva una vida herida y devastada. Su hermano menor, Musick, que observa su estado, lo lleva a la montaña proponiéndole ir a comer fideos. Gracias a la vitalidad de la vida que proporciona el espacio de la montaña, Mugyeom recibe un consuelo que le da la sensación de poder volver a vivir.