Soy un prisionero condenado a cadena perpetua, que debe pasar el resto de su vida en prisión para pagar el precio de sus crímenes. Hoy, me ha ocurrido un milagro. El país me ha concedido un día de permiso, como un último regalo de Dios. Ahora, también tengo la esperanza anhelante de la 'espera'. Aunque sea solo por un día, finalmente puedo ir a ver a mi hijo.