La superficie distorsionada del hierro oxidado, el sonido escalofriante del metal chocando, siendo cortado y fundido, y el agua y el aceite fluyendo entre los metales, son imágenes que simbolizan la ansiedad del director y que han aparecido en sus sueños desde la infancia. Para encontrar la causa de sus pesadillas, el director deambula por los callejones de Cheonggyecheon en Seúl, donde se concentran pequeñas fábricas de metal. En el proceso, percibe que la experiencia de su abuelo, quien regentaba un negocio de chatarra en Japón durante la ocupación colonial, se ha convertido en un inconsciente colectivo transmitido de generación en generación a su padre y a él mismo. Bajo la forma de una carta a su abuelo fallecido, comienza a reconstruir este inconsciente colectivo junguiano a través de imágenes de las diversas herrerías, fundiciones y fábricas de moldes de Cheonggyecheon que ha observado. Así comienza un documental altamente "subjetivo", con una narración de tono inestable, en el que el director cuestiona a su abuelo si sus pesadillas no serán la transmisión, a través del inconsciente de los sueños, de las experiencias traumáticas vividas por la generación anterior durante un periodo de cambios drásticos.