La familia de Sang-gu, nacida y criada junto con la historia mundial del pueblo, se convirtió en un equipo completo que recorrió Gwangju, Camboya, Bosnia y Palestina, soportando innumerables dificultades. Sin que se dieran cuenta, los dos hijos del director se convirtieron en adultos. El viaje de esta familia, que eligió solo zonas de conflicto mundiales con recursos limitados, estuvo lleno de todo tipo de alegrías y tristezas, como era de esperar. Finalmente, su trabajo de reescribir la historia mundial se convirtió en una historia familiar y una crónica de crecimiento muy especial.