Sang Eun, que recibe quimioterapia en secreto de su familia y está hospitalizada, se entera del fallecimiento de su abuela y asiste al funeral. Allí, siente un vacío al ver a sus parientes intentando quedarse con la escasa herencia. Por casualidad, se encuentra con el tío de Eun Gyu, su amigo de la infancia, y se entera de que Eun Gyu también está hospitalizado en el mismo hospital que ella, con cáncer de páncreas en etapa terminal. Al visitar a Eun Gyu, Sang Eun ve a la madre de este y se da cuenta de que para algunas personas, la muerte puede ser algo más que tristeza, una ferviente súplica.